Prevenir la violencia

Grasse Campus te acompaña

¡Hablad de ello!

El campus no está a salvo de la violencia sexista, sexual u homófoba. Grasse Campus no tolera estas situaciones. A continuación te ofrecemos algunas pautas básicas para que puedas actuar o reaccionar, tanto si eres testigo como víctima.

DEFENDERSE

El texto que sigue se ha redactado partiendo de la base de que el autor del acoso es un hombre y la víctima una mujer, ya que se trata del patrón más habitual. El acoso sexual suele enmarcarse en una dinámica de dominación vinculada a las relaciones de género y de sexo, lo que implica un comportamiento sexista por parte del agresor. Dicho esto, es perfectamente posible que el agresor sea una mujer y la víctima, un hombre. Las siguientes recomendaciones son aplicables a todas las situaciones de acoso, independientemente del género de las personas implicadas.

SI ERES VÍCTIMA

El acoso sexual en el ámbito laboral o universitario suele darse en un contexto de relación jerárquica o de dependencia, lo que puede favorecer al acosador. Este contexto hace que, en ocasiones, a la víctima le resulte difícil oponerse con firmeza.

Por estas razones —y muchas otras más— puede resultar complicado defenderse o saber cómo actuar. Ten en cuenta que el responsable es siempre el acosador, y no tú.

Tienes derecho a decir que no y a establecer tus límites, incluso ante un profesor, un compañero o un superior. Escucha lo que sientes: tú eres la única persona que puede juzgar cuáles son tus límites, y la incomodidad que sientes cuando se traspasan es una señal valiosa que hay que tomarse en serio.

Si tienes la sensación de que se han sobrepasado tus límites o te sientes incómodo en una situación, tienes derecho a expresarlo. El primer paso consiste en oponerse, en la medida de lo posible, a los comportamientos del acosador. Decir «no» es fundamental, aunque pueda resultar difícil. Si el acosador persiste a pesar de esta negativa, significa que está sobrepasando los límites del consentimiento de la víctima, lo que confirma que se trata efectivamente de acoso y no de simples «bromas» o «excesos».

En la medida de lo posible, evita quedarte a solas con el acosador. Si puedes, pide que te acompañe alguien, exige que la puerta permanezca abierta y rechaza las invitaciones fuera del lugar de trabajo o de estudios. Adopta todas las medidas que te proporcionen una sensación de seguridad.

No dudes en pedir ayuda a personas de confianza de tu entorno: habla con compañeros, estudiantes o colegas en los que confíes y pídeles que te ayuden. Si el acoso se produce en presencia de otras personas, pídeles que intervengan y te apoyen.

También es fundamental no quedarse aislado/a: habla del tema con personas de confianza o acude a una asociación o un sindicato que pueda escucharte y proporcionarte información útil.

Guarda todas las pruebas materiales del acoso, como mensajes, correos electrónicos, cartas o regalos. Aunque el impulso de deshacerte de ellas pueda ser natural, estos elementos son muy valiosos si decides denunciar al acosador. Además, en Francia, las grabaciones son una forma de prueba admitida.

Redacta un relato detallado de la situación: quién, dónde, cuándo, en qué circunstancias, qué palabras o gestos, tus sentimientos y tus reacciones. Aunque pueda resultar difícil, escribir suele ayudar a tomar distancia y permite conservar un registro preciso, útil para una posible denuncia. Se te pedirá un relato detallado en cualquier trámite oficial, y así reducirás el riesgo de olvidar ciertos detalles.

SI ERES TESTIGO O DELATOR/A

Tu apoyo es muy valioso: si eres testigo de una situación de acoso, no dudes en intervenir para poner fin al incidente y ayudar a la víctima cuando intente defenderse. Ofrécele tu apoyo y hablad juntos sobre las medidas que se pueden tomar para poner fin a esta situación.

Presta atención si alguien te cuenta que está sufriendo acoso: el primer testimonio suele ser crucial. Si la víctima se siente juzgada o cuestionada, podría dudar a la hora de volver a hablar del tema. Si es necesario, derívala a un centro de acogida adecuado.

Respeta la confidencialidad: si alguien acude a ti para hablar, es una muestra de confianza. No reveles esta situación sin el consentimiento de la víctima.

Evita los juicios y hacer que la persona se sienta culpable: ¡hay que evitar comentarios como «Si yo estuviera en tu lugar, habría…»! No aportan nada positivo y refuerzan el sentimiento de culpa de la víctima.

Informa a la víctima de sus derechos y de las vías de recurso disponibles, ayudándola, si es necesario, a ponerse en contacto con una asociación o un sindicato. De este modo, podrá tomar una decisión con pleno conocimiento de causa. Sea cual sea esa decisión (iniciar un procedimiento, hablar con sus superiores, no hacer nada, esperar…), respétala, teniendo en cuenta que no te corresponde a ti decidir por ella.

Aporta tu testimonio: si la víctima desea emprender acciones legales, tu testimonio puede ser decisivo. Anota con precisión lo que has observado y lo que la víctima te ha contado.

¿QUÉ RECURSOS EXISTEN?

Existen varios trámites para conseguir que se condene a tu agresor. Estas acciones también pueden ayudarte a romper el aislamiento y a que se reconozca el carácter ilegítimo e ilegal de los hechos que has sufrido. Sin embargo, es fundamental saber, antes de dar el paso, que estos procedimientos pueden resultar largos y agotadores, con resultados inciertos. Por eso, el apoyo de personas cualificadas puede resultar muy valioso.

En cualquier caso, presentar una denuncia sigue siendo una opción para iniciar un proceso penal.

En el caso de los centros privados, las víctimas pueden acudir al tribunal laboral (únicamente en el caso de las trabajadoras que impugnen una posible rescisión de contrato), al Comité de Salud, Seguridad y Condiciones de Trabajo (CHSCT) o al consejo disciplinario.

En cambio, en una institución pública, se pueden imponer sanciones disciplinarias a los agresores. Los procedimientos varían en función del tipo de institución a la que pertenezca el agresor (universidad, gran escuela, organismo de investigación, etc.), así como de su condición (estudiante, profesor-investigador, investigador, personal BIATSS).


informarse

Hay tres ideas preconcebidas que dificultan el reconocimiento del acoso sexual en el ámbito de la enseñanza superior y la investigación: el término se utiliza a menudo de forma errónea para referirse a otros tipos de violencia sexista y sexual; se suele equiparar al acoso moral y, por último, se percibe como un fenómeno propio del ámbito laboral.

En la ley

El acoso sexual se define legalmente como cualquier comportamiento (palabras, gestos, escritos…) de carácter sexual o sexista impuesto a una persona de forma repetida (al menos dos veces) y que atenta contra la dignidad de la persona. El hecho de ejercer presión, aunque sea una sola vez, sobre una persona con el objetivo real o supuesto de obtener actos sexuales se considera acoso sexual.

Código Penal, art. 222-33:

«I. – El acoso sexual consiste en imponer a una persona, de forma repetida, comentarios o comportamientos de carácter sexual o sexista que, bien atenten contra su dignidad por su carácter degradante o humillante, bien creen en su contra una situación intimidatoria, hostil u ofensiva.
El delito también se configura:
1° Cuando dichos comentarios o comportamientos son infligidos a una misma víctima por varias personas, de forma concertada o a instancias de una de ellas, aunque cada una de estas personas no haya actuado de forma reiterada ;
2° Cuando dichas palabras o comportamientos sean infligidos a una misma víctima, de forma sucesiva, por varias personas que, aun sin haberlo concertado, sean conscientes de que dichas palabras o comportamientos constituyen una repetición.

II. – Se asimila al acoso sexual el hecho, aunque no sea repetido, de ejercer cualquier forma de presión grave con el objetivo real o aparente de obtener un acto de naturaleza sexual, ya sea en beneficio del autor de los hechos o en beneficio de un tercero.

III. – Los hechos mencionados en los apartados I y II se castigan con dos años de prisión y una multa de 30 000 €.
Estas penas se elevarán a tres años de prisión y una multa de 45 000 € cuando los hechos sean cometidos:
1° Por una persona que abuse de la autoridad que le confieren sus funciones;
2° Contra un menor de quince años;
3° Contra una persona cuya especial vulnerabilidad, debida a su edad, a una enfermedad, a una discapacidad, a una deficiencia física o psíquica o a un estado de embarazo, sea evidente o conocida por el autor;
4° Contra una persona cuya especial vulnerabilidad o dependencia, derivada de la precariedad de su situación económica o social, sea evidente o conocida por el autor;
5° Por varias personas que actúen como autores o cómplices;
6° Mediante el uso de un servicio de comunicación público en línea o a través de un soporte digital o electrónico;
7° En presencia de un menor que haya presenciado los hechos;
8° Por parte de un ascendiente o de cualquier otra persona que ejerza sobre la víctima una autoridad de derecho o de hecho».

En la enseñanza superior y la investigación

Aunque a menudo se asocian al mundo empresarial, las situaciones de acoso sexual también se dan en los centros de enseñanza superior y de investigación. Este tipo de acoso no deja de lado a las universidades, las «grandes écoles» ni los institutos de investigación, ya sean públicos o privados.

Las particularidades del ámbito académico y de la investigación contribuyen a crear condiciones propicias para el acoso sexual, pero también para su minimización. La relación de dependencia entre un doctorando o una doctoranda y su director o directora de tesis, o incluso su tutor o tutora o codirector o codirectora, facilita los comportamientos de acoso sexual y las agresiones. La necesidad de que los doctorandos obtengan la aprobación de su director o directora de tesis para trámites importantes (como la matriculación, las solicitudes de financiación, las autorizaciones de publicación o las candidaturas a puestos docentes) los hace especialmente vulnerables ante el acoso. En términos más generales, el carácter personalizado de las relaciones docentes, como las que se establecen durante la supervisión de una tesis, puede acentuar el riesgo de abuso de poder, lo que podría favorecer situaciones de acoso sexual.

Además, la vida estudiantil conlleva sus propios riesgos específicos. La convivencia en residencias universitarias, los eventos festivos o los fines de semana de «integración», así como las tradiciones de «novatadas» (que persisten a pesar de su prohibición) exponen a los y las estudiantes a diversas formas de violencia sexista y sexual.

Sin embargo, la educación superior y la investigación gozan de una reputación de entorno progresista, percibido como a salvo de las formas más violentas de sexismo. Sin embargo, las encuestas y los testimonios recopilados por diversas asociaciones muestran que la violencia sexista está tan presente como en otros entornos socioprofesionales. Esta imagen idealizada contribuye a invisibilizar la violencia sexista y sexual y a mantener un clima de silencio en torno a estas cuestiones.

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